Sin dinero, en medio de un pueblo en Holanda y con nuestro su eño roto. Nuestro error había sido llevar el dinero con nosotros, todo junto y no haberlo separado antes; por esta decisión y otras muchas cosas no lo habíamos hecho y ahora éramos responsables. Tocaba actuar en función del devenir de los acontecimientos. Y en ese momento, más que nunca, la realidad se hizo muy patente. Una señora, al vernos nos dio diez euros, me sentí raro, no sabía como cogerlos, no sabía que hacer con aquella amabilidad... Con los diez euros y con quince más que teníamos nos fuimos a comer una calle más allá, no teníamos los ánimos para más, abatidos. Mientras comíamos empezó a llover y se levantó bastante viento. Llamamos a casa y contamos lo que nos había pasado, nos iban a echar una mano con lo que podían, nos ayudaba a salir del bache pero hasta la mañana siguiente no contaríamos con ello. Por el momento no nos quedaba otra solución que avanzar hasta el próximo cam...